Por: Alvaro Morales de León

La semiología o semiótica que es la ciencia que se encarga del estudio de los signos tanto en la vida social como de los signos o síntomas a través de los cuales se manifiesta y se puede diagnosticar una enfermedad, también puede servir como ciencia para identificar y diagnosticar con base en los signos y síntomas el cáncer de la corrupción y el desgobierno que carcomen a la ciudad de Cartagena y al departamento de Bolívar.

Diversas organizaciones de índole internacional y nacional, entre ellas el PNUD, la Secretaría de Transparencia de la República de Colombia, Funcicar, entre otras, se desgastan e invierten cuantiosas sumas de dinero en el estudio y análisis de la corrupción con muy pocos, o por qué no decirlo, nulos resultados, cayendo muchas veces en los mismos errores que practican a quien estudian o analizan, cuando a la vista de todos son manifiestos los signos de la corrupción.

Retomando el significado de la semiología arriba descrito y aplicándolo como la observación para la identificación y diagnostico de la enfermedad de la corrupción y el desgobierno en Cartagena y en el departamento de Bolívar, sin mucho estudio, solo basta con detenerse a observar sus signos o manifestaciones para llegar acertadamente a identificarla como la podredumbre que carcome estas dos administraciones públicas.

Por todo lo anterior no es si no que miremos y tomemos como síntomas o signos de la enfermedad de la corrupción en la ciudad y el departamento la forma milagrosa como cambian su estilo de vida los funcionarios publicos que en su mayoría llegan a los cargos públicos “con una mano adelante y la otra atrás” y como de la noche a la mañana compran lujosas casas o apartamentos en barrios de estrato de seis, montan diversos tipos de negocios, entre ellos estancos de licores; pasan de un modesto vehículo a lujosos y costos automóviles, de discreta vestimenta a ostentosos ajuares, de sencillos pero útiles relojes a cronómetros de rebuscadas marcas; de celebrar los cumpleaños de sus hijos, como el de los quince, en los modestos clubes o centros sociales de la ciudad, a celebrarlos en centros de celebraciones en países europeos; de tener uno que otra mascota en su casa a adquirir caballos pura sangre y de paso fino; de tener, si es caso, un lotecito de tierra en el patio de sus casas a ser propietarios de haciendas, y de ingerir licores nacionales a tomar ahora los de marca y añejados.

Todos estos son signos o síntomas que manifiesta el funcionario corrupto y para los cuales no hay necesidad de hacer tanto estudio ni de invertir cuantiosas sumas de dinero en programas anticorrupción, porque los mismos son evidentes y a la vista de todos.

Ahora, todo el actuar de los corruptos se refleja en obras, por eso solo basta con percatarse del estado inconcluso, por casi diez años, de los mal llamados hospitales locales de Cartagena; el desangre económico de las arcas del distrito con la dilatada construcción del sistema de transporte, Transcaribe; la indiferencia del gobierno en la solución al problema de los habitantes del barrio San Francisco damnificados por causas de las malas políticas con la pérdida de sus casas, la postración de los servicios de salud, la destrucción de la malla vial de la ciudad, el deterioro medioambiental por causa del mercado de Bazurto, el pesimo estado de la movilidad, la creciente inseguridad, el sicariato y el pandillismo; el engorde de dineros del estado en cuentas bancarias, la desviación de recursos oficiales con destinación específica, etc. etc. Pero también tenemos como signos o síntomas de la enfermedad de la corrupción las campañas de desinformación que brotan desde las mismas oficinas gubernamentales, como la alcaldía de Cartagena; los comunicadores que hacen apología a la mentira y al delito, los juristas que le mienten a la ciudad sobre el estado o situación judicial del suspendido alcalde de la ciudad, Campo Elías Terán, abonándole a la ingobernabilidad; los presuntos falsos dictámenes médicos de clínicas y hospitales sobre el estado de salud del primer mandatario local, las estratagemas utilizadas para acceder a los cargos de dirección o gerencia, como el reciente caso que declaró desierta la elección de la gerente de la ESE Cartagena de Indias.
Y por último, no podemos dejar de mencionar otro estilo de corrupción consistente en el nombramiento, designación o contratación de clanes familiares en las dependencias u oficinas de gobierno, como ocurre en la secretaría de salud departamental de Bolivar ante la mirada impávida del jefe del “Bolivar Ganador”, el gobernador Gossaín; o la posesión de funcionarios con certificados de estudios o diplomas espurios, es decir falsos, a sabiendas de tal condición por parte del nominador; o el desangre del tesoro departamental con el nombramiento de ociosos altos consejeros por parte del gobernador de Bolivar, solo con el propósito de cumplir o satisfacer apetitos burocráticos de sus financistas.
Por todo lo anterior, estos síntomas o signos permiten fácilmente hacer el diagnostico de la enfermedad de la corrupción, sin necesidad de invertir inmensas sumas de dinero en otra burocracia ociosa que pretender descubrir lo que ya está descubierto y a la vista de todos.

fuente: http://elsolweb.tv