Corregimiento de Sapzurro en la frontera Colombo-Panameña. Foto: Alejandro Arango

Socorro RamírezAnte el cierre del Darién para impedir el tránsito de cubanos, Colombia debe asumir la responsabilidad por su triple condición de país de tránsito clandestino, expulsor de migrantes pobres y de desplazados por la violencia.  En qué consiste la crisis y cómo puede afrontarse.

Socorro Ramírez*

La Canciller María Ángela Holguín junto a su homólogo ecuatoriano Guillaume Long.

Contexto local

Los pequeños municipios de Sapzurro y Capurganá, Acandí y Turbo en el golfo colombiano de Urabá ven llegar todos los días a cubanos expulsados de Panamá, a otros que estaban a punto de cruzar hacia ese país, a los que llevaban varios meses de camino desde cuando salieron de Ecuador o a los que venían de Guyana o de alguna misión en Venezuela. Estos municipios también son testigos del desfile de migrantes haitianos, africanos, asiáticos y del Medio Oriente -que vienen de atravesar la Amazonia desde Brasil o el Pacífico colombiano desde Ecuador-, todos ellos en marcha hacia Estados Unidos.

Con o sin salvoconducto, estos fugitivos por necesidad buscan alternativas de sobrevivencia y libertad. En su fuga sin embargo son asediados por redes ilegales que les ofrecen llevarlos por la selva del Darién o por el mar a cambio de cargar cocaína o asumir altos costos y otros riesgos.

Por esta selva biodiversa, que sirve de tapón entre el Caribe y el Pacífico, cruza el límite de 266 kilómetros entre los dos Estados. Cada país ha declarado su porción boscosa como parque nacional -Katíos en Colombia y Darién en Panamá-. Además, del lado colombiano, tanto los derechos de los indígenas como los de los afrodescendientes se han visto lastimados porque tierras que ellos habitaron fueron declaradas baldíos por el Estado y entregadas en concesión para explotación forestal y minera con las secuelas consiguientes: colonizaciones extractivas, daños ambientales y sociales, reducción de la población indígena y multiplicación de conflictos por tierras.

Los pequeños centros urbanos ven  que la llegada de migrantes multiplica su población sin tener la infraestructura ni los recursos para atenderla. Temen que pueblos indígenas de ambos lados de la frontera, como los Kuna-Tule, o los Embera-Katíos, que habitan serranías como la del Darién, se vuelvan a ver afectados. Autoridades y pobladores temen una crisis fronteriza, piden que el Estado brinde ayuda humanitaria, y que Migración Colombia y la Autoridad Marítima afronten la situación en toda su complejidad.

Una relación llena de temores

Niño de la etnia Kuna Tule en San Blas, Panamá.
Niño de la etnia Kuna Tule en San Blas, Panamá.
Foto: Guillermo A. Durán

La frontera también se ha visto perturbada por grupos armados irregulares, que han convertido la zona en corredor para distintos tráficos: armas que se canjean por cocaína, mercancías venidas de China por Panamá, migrantes clandestinos. Asimismo han forzado a numerosos colombianos a desplazarse al vecino país:

Los migrantes gastan por lo menos 10.000 dólares en pago a traficantes de personas y en soborno a autoridades civiles, policiales y militares.
  • De Juradó huyeron hacia el Darién panameño en 1997.
  • En abril de 1999, las FARC llegaron hasta La Miel –poblado panameño colindante con Sapzurro- y tras ellos ingresaron los paramilitares.
  • En enero de 2003, paramilitares asesinaron a autoridades Kuna, obligando a esa comunidad a refugiarse en el archipiélago de San Blas, pero el sobrepoblamiento de las islas los ha hecho regresar en busca de sus tierras. Panamá forzó una repatriación de desplazados colombianos, en abril de ese m año.

Propuestas colombianas de destaponar el Darién y establecer conexiones eléctricas con Panamá han suscitado siempre el rechazo de ese país ante el temor de que por esa vía se les transmitan las tragedias de su vecino. Por la misma razón, tampoco han sido viables la carretera Panamericana entre Centro y Suramérica ni algunas alternativas de conexión interoceánica por el río Atrato.

El cierre de la frontera binacional ocurre tras algunos episodios litigiosos:

  • Hace tres años, Colombia había declarado paraíso fiscal a Panamá, y este país había demandado a Colombia ante la Organización Mundial del Comercio por el aumento de aranceles a importaciones de calzado, textiles y confecciones provenientes del istmo.
  • A divergencias adicionales sobre la lucha contra el contrabando y el lavado de activos, se había sumado el repentino cambio de posición de Panamá, que en la OEA impidió el debate sobre la expulsión de colombianos de Venezuela y el cierre de pasos fronterizos por ese país.
  • Por fortuna sin embargo, los dos gobiernos acaban de lograr un acuerdo para intercambiar información tributaria y financiera.

Difícil coordinación de esfuerzos

Corregimiento de Sapzurro en la frontera Colombo-Panameña.
Corregimiento de Sapzurro en la frontera Colombo-Panameña.
Foto: Alejandro Arango

Este problema migratorio es regional. En los países centroamericanos el aumento de la migración irregular ha dado pie a algún diálogo entre gobiernos pero, desde fines de 2015, cada país ha tratado de descargar el problema en su vecino:

  • El 15 de noviembre, Nicaragua no dejó entrar a 8.000 cubanos aduciendo riesgos para su seguridad y soberanía, y luego cerró su frontera con Costa Rica.
  • A mediados de diciembre, Costa Rica se declaró incapaz de recibir a más cubanos, intentó crear un puente aéreo con El Salvador, Guatemala y México, suspendió visados y cerró su frontera con Panamá dejando varado en Paso Canoa a otro millar de cubanos.
  • En ese contexto, en mayo de 2016, Panamá concretó un puente aéreo con México para sacar del país a los cubanos que asumieran los costos del transporte, suspendió salvoconductos, anunció cambios en el sistema migratorio, cerró la frontera con Colombia y lanzó la “Operación Escudo” para “blindar” el país ante el narcotráfico.

“Todo lo que hace un país vecino para mejorar la legalidad y combatir la ilegalidad nos parece bien y adecuada la medida de Panamá. Nosotros no queremos que Colombia se convierta en un país de tráfico ilegal”, dijo la Canciller colombiana. Agregó que los colombianos que tengan su documentación en regla podrán transitar normalmente por esa frontera.

Además de reuniones con varios gobiernos para analizar el problema y buscar alternativas, en su reciente encuentro, la Canciller colombiana y su par ecuatoriano anunciaron un acuerdo de deportaciones, refuerzo al control de pasos irregulares y coordinación entre autoridades migratorias también con las de Panamá.

Esto es algo. Pero no lo suficiente para hacerle frente a este grave drama humanitario que tampoco tuvo eco en la IV cumbre de la CELAC en Quito ni en la VII cumbre de las Américas en Panamá -ambas con Cuba incluida, y la última con la presencia de Estados Unidos.

Cuba y Estados Unidos

Los flujos de migrantes irregulares van tras el sueño americano, que para los cubanos tiene un atractivo particular.  La ley de Ajuste Cubano de 1966 les garantiza que si pisan territorio estadounidense son acogidos automáticamente y al año obtienen residencia permanente, permiso de trabajo, beneficios monetarios, sociales y de reunificación familiar.

Los países de origen, tránsito o acogida se desentienden de la situación o se limitan a criminalizarlos, a detenerlos y a deportarlos.

En agosto de 1994, la modificación conocida como “pies secos – pies mojados”, precisa que los que logren pisar tierra estadounidense pueden quedarse pero que los que sean interceptados en el mar serán remitidos a Cuba o a un tercer país. En lugar de balseros cruzando el estrecho de La Florida, ahora los cubanos hacen una travesía de 8.000 kilómetros por ocho países. Desde 2008 y hasta diciembre de 2015, a Ecuador llegaban en avión y sin visa, atravesaban clandestinamente Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México, y de allí pasaban a Estados Unidos. Más de 30.000 cubanos usaron esa vía los dos últimos años aprovechando que su gobierno levantó algunas restricciones (ahora pueden viajar, permutar o vender su vivienda) y temiendo que la normalización de relaciones emprendida por Obama y Castro restrinja o suprima esa ley.

El drama es gigantesco. Los migrantes gastan por lo menos 10.000 dólares en pago a traficantes de personas y en soborno a autoridades civiles, policiales y militares. Los roban, estafan y maltratan. No pocos han muerto. Algunas mujeres llegan embarazadas o con hijos pequeños y muchos aterrizan enfermos o heridos, a pueblos llenos de penurias. En algunos sitios les han dado comida y asistencia médica, les permiten dormir en cuarteles o en albergues improvisados,  y hasta les construyen letrinas, pero la mayoría de los migrantes debe dormir a la intemperie y todos agravan la situación local de escasez de alimentos, agua, transporte, hospedaje, y de los precarios sistemas de salud ante los altos riesgos sanitarios.

La meta de los migrantes es alcanzar Puerto Obaldía, un corregimiento con 672 habitantes en kilómetro y medio, y parte de la comarca indígena panameña de Guna Yala en la frontera con Colombia. De allí, si los recursos alcanzan, toman el vuelo que va a ciudad de Panamá o siguen por mar a Colón para de ahí atravesar en lancha y bus Centroamérica y México hasta pisar suelo de Estados Unidos. A mitad de camino, nadie quiere regresar a la isla pues allí abandonaron ya su empleo, se endeudaron y vendieron pertenencias y propiedades para la travesía.

Los migrantes arriesgan su vida y son presa fácil de redes criminales de trata y tráfico ilícito de personas y de drogas, de vandalismo y abusos de funcionarios corruptos. Por ello, todos necesitan la protección de los Estados por donde pasan. Pero los países de origen, tránsito o acogida se desentienden de la situación o se limitan a criminalizarlos, a detenerlos y a deportarlos. Europa se llena de racismo y restringe sus legislaciones migratorias. Trump en Estados Unidos clama por muros más fuertes. América Latina mira hacia otro lado. Ni siquiera los africanos, que han sido forzados a huir de la violencia, la persecución y el hambre, reciben atención humanitaria en su marcha por el Pacífico latinoamericano.

Fuente http://razonpublica.com/