La fiesta comenzó a eso de las 9 de la tarde, cuando Chile y Ecuador ya se enfrentaban en el duelo inaugural de la Copa América. A esa altura, lejos del Estadio Nacional, unos cincuenta hinchas colombianos, que ya llevaban siete horas en el aeropuerto, iniciaron los cánticos. El “sí, sí Colombia” no dejaba indiferente a ninguno de los transeúntes que, a esa hora, deambulaban por el principal terminal aéreo del país.

Pero, con el paso de las horas, la alegría se fue diluyendo. Los constantes cambios de horario respecto a la llegada del combinado cafetero al país, fue mermando el entusiasmo de sus fanáticos. A eso de la una de la madrugada ya eran unos doscientos los que, con banderas tricolores, silbatos y camisetas amarillas, llenaban de color el aeropuerto.

La decepción, sin embargo, fue tremenda. Los seleccionados cafeteros, encabezados por James Rodríguez y Radamel Falcao, no pisaron las dependencias del terminal, pasando directamente del avión que los trajo desde Argentina a un bus que los esperaba a un costado de la aeronave. Ni siquiera al abandonar el recinto, con los hinchas agolpados a la salida, se detuvieron para saludar.

El reclamo de los fanáticos, por ende, no se hizo esperar. “Lo que hizo la selección es malo, pésimo. Hay gente que viajó desde lejos para venir a verlos y nos tratan como animales. Así no es la vuelta”, apuntó Amir Aguirre, uno de los tantos fanáticos que permanecieron hasta la madrugada en Pudahuel.

“No sé si en todos los colombianos, pero al menos en varios de los que estamos acá y soportamos esto, la actitud hacia esta selección va a cambiar. Lo que acaban de hacernos es muy feo”, prosiguió el propio Aguirre, quien, pese al malestar, acompañó a los dirigidos por Pekerman hasta su hotel de concentración, en Vitacura.

La decepción fue compartida por Brahían Rincón, otro de los simpatizantes tricolor que se quedó hasta el final. “Estuvimos esperándolos más de doce horas en el aeropuerto para que ni siquiera nos saludaran desde arriba del bus. Es una falta de respeto”, sentenció antes de unirse a la caravana que acompañó a la delegación cafetera hasta Vitacura.