El papa aterrizará mañana a media tarde en Nairobi, encontrándose con el presidente de Uhuru Kenyatta, iniciando así un recorrido por Kenia, Uganda y la República Centroafricana, considerado peligroso y de alto riesgo para su seguridad, debido a que son tres países marcados por la violencia armada y falta de respeto a los derechos humanos, es aquí donde el sumo pontífice espera dejar un mensaje de justicia, paz y tolerancia.

El país de los safaris se encuentra en permanente estado de alerta, desde hace cinco años, por la constante amenaza del grupo yihadista somalí Al Shabab, que ha alcanzado fama internacional por llevar a cabo diferentes masacres.

En un contexto así, la visita del papa adquiere la condición de máximo riesgo y requiere un dispositivo de seguridad extraordinario. Diez mil agentes vigilarán una ciudad que, durante la mayor parte del jueves y viernes, tendrá todas sus avenidas cortadas al tráfico. Además Unos 3 mil cascos azules de la Minusca – la misión de la ONU en este país- reforzados con otro millar de soldados de diferentes contingentes internacionales y 500 policías locales conformarán el anillo de seguridad.

Incluso el gobierno ha declarado hoy, que el próximo jueves 26, como día festivo nacional, con el fin que todos puedan disfrutar de la visita del papa, pero en realidad, en un país de mayoría protestante y sin gran expectativa por la visita, es que muchas personas no podrán llegar a su trabajo.

En este país el sumo pontífice conocerá en carne propia la persecución que sufren a diario los homosexuales por parte de la sociedad, la iglesia, el gobierno y la justicia con duras penas de cárcel. Este colectivo tiene la esperanza que el papa medie entre la Iglesia local y el gobierno para aliviar su situación, porque se pretende instaurar una ley donde se condena a cadena perpetua para los “delitos de homosexualidad”.

A pesar que el papa tiene un fuerte anillo de seguridad, un pensamiento y un mensaje de hermandad, la última etapa del recorrido es el más peligroso, hasta el Vaticano planteó la idea de suspender esta parada por el recrudecimiento de la violencia, pero aun así, Francisco confirmó que viajaría a la República Centroafricana, precisamente como símbolo de mediación al conflicto étnico-religioso entre cristianos y musulmanes.

El papa Francisco planea visitar, durante su estancia, La Gran Mezquita y los musulmanes, que han sido casi que expulsados del país por las milicias cristianas, que se han mostrado a favor a este gesto.

La Coalición Séléka, integrada en su mayoría por los musulmanes, admitió que la visita papal es “…una oportunidad para mover al pueblo hacia la paz, la cohesión social, el amor y el perdón…”