Colombia es el único país suramericano con dos océanos. Tiene una increíble variedad de ecosistemas y sus selvas están entre las más biodiversas del planeta.
Además de ser un país andino, también es caribeño y amazónico. Hay más de 50 etnias distintas que hablan 64 lenguas. Sus climas van del tropical con selvas de manglar hasta lo níveo de los glaciares andinos.
Sus minas rebosan de oro, carbón y esmeraldas, y en sus campos crecen en abundancia fruta tropical, café, tabaco y hortalizas.
A primera vista parecería un país de posibilidades inmensas que podría fácilmente convertirse en una especie de “Suiza suramericana”, pero lamentablemente no es así.
El conflicto interno, que desde hace más de cuarenta años causa perjuicios constantes a la población y al ambiente, ha traído como consecuencia el número de desplazados internos a unos cinco millones, casi como en Siria, o como los países africanos Congo y Somalia.
La única diferencia con los países africanos mencionados es que en Colombia nadie muere de hambre (con excepción de algunos menores de edad del Chocó), ya que la mayoría de estos desplazados se las arregla como puede conviviendo en la ilegalidad difundida.
De esta manera, los campos se fueron despoblando y las tierras cayeron en manos de grupos armados ilegales, sean de inspiración comunista o nacionalista.
Otra característica del fenómeno de los desplazados es la mano de obra a bajo costo y sin derechos. Las multinacionales que invirtieron en Colombia en los últimos años encontraron un terreno favorable, ya que los trabajadores aceptan salarios bajos y, sobre todo, no protestan mucho, sino que ejercen dócilmente el trabajo, a diferencia de otros países suramericanos donde las protestas están al orden del día.
En Colombia es, por desgracia, alto también el número de los sindicalistas y periodistas que son asesinados, justamente porque promueven los derechos de los trabajadores o denuncian situaciones de explotación que serían intolerables en otros países. Desde el 2002 hasta hoy fueron asesinados aproximadamente 800 sindicalistas.
Últimamente la situación ha mejorado y el gobierno ha aumentado el estado de alerta y la lucha con los grupos armados ilegales.
Hoy, en Colombia, la palabra por excelencia es “inversión extranjera”, que es vista por el gobierno como la ocasión de oro que llevará al país fuera de la pobreza y lo hará entrar en el club de los países ricos.
Así es, el colombiano tiene como un miedo latente, el de no lograr sacudirse de encima los estereotipos del pasado: los del narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo. Es como si quisiera hacer un borrón y cuenta nueva, suprimiendo todo eso, para transformar de golpe al país en una meca del capitalismo, como Dubái o como una centelleante El Dorado.
Por desgracia, el camino para llevar a Colombia fuera de la violencia, de la precariedad, de la inseguridad social, laboral y de salud, está en subida.
No bastan 14 mil millones de dólares de inversiones extranjeras en el 2012. No basta la construcción de deslumbrantes centros comerciales o la reestructuración de El Dorado, el aeropuerto internacional de Bogotá. No basta hacer publicidad en la CNN, donde se repite incesantemente: “Colombia, el riesgo es que te quieras quedar”. (Ahora cambiado en: Colombia es realismo mágico).

Es verdad que el actual gobierno ha hecho mucho por las clases bajas, con la construcción de casas para dar gratis a los no habientes, con el aumento del salario mínimo, con la devolución de tierras a los desplazados, con la lucha sin tregua a los grupos armados ilegales y con las negociaciones de paz con la guerrilla, pero, en mi opinión, faltarían todavía cuatro cosas: ampliar y mejorar la asistencia médica gratuita, mejorar la educación pública, dando más acceso a las universidades a los no habientes; realizar una reforma agraria de manera todavía más marcada de lo que se ha hecho, enseñándoles a los campesinos cómo producir mejor, de manera que se disuada a quienes piensan transferirse a la ciudad y, por último, construir una infraestructura ferroviaria de buena calidad, con el fin de poder conectar la costa caribeña con el interior del país, lo que haría bajar el costo del transporte de mercancía y pasajeros.

Por: Yuri Leveratto www.yurileveratto.com