Bandas armadas ordenan a los ciudadanos abandonar las calles y paralizan barrios enteros en Venezuela para celebrar los velorios a sus líderes muertos y protestar por supuestos ajusticiamientos de la policía.

Desde finales de enero esta situación de intimidación se ha dado en al menos dos ocasiones.

El 4 de febrero, el norte de la céntrica ciudad de Maracay amaneció inundado de volantes que advertían de que no debía circular nadie pues el día anterior había muerto un joven supuestamente a manos de la policía científica (CICPC).

Ese día, los padres buscaron apresurados a sus hijos en las escuelas antes de la hora de salida y los comercios cerraron sus puertas porque los volantes alertaban de que quien ejerciera labores diarias en la calle se atenía a “las consecuencias”.

El escrito se atribuye a José Gabriel Álvarez Rojas, conocido como “El Chino Pedrera”, presunto cabecilla de una banda criminal que en el pasado fue el líder de una cárcel de Aragua, el estado del que Maracay es capital.

La octavilla, que no está firmada, reclama al gobernador de Aragua, Tarek El Aissami, “que tome medidas”, al afirmar: “no puede ser posible que por ser un joven que se preocupe por el bienestar de las comunidades del municipio Girardot de la zona norte de Maracay le quiten la vida como lo hicieron con Emilio José Rojas Madriz”.

Indica asimismo que “los principales corruptos del estado son los mismos órganos de seguridad”, pues no toman en cuenta las “labores sociales y donaciones” que el grupo que escribe la carta supuestamente realiza “a diario” en Aragua.

“Aquí en el estado Aragua nos vamos a hacer sentir por nuestros seres queridos y si quieren despertar a un monstruo nosotros estaremos en pié de lucha”, finaliza el escrito.